Desde
la comodidad de la distancia en una especie de discurso desasociado, habla el
yo, el otro yo, el súper yo, todos al mismo tiempo y se atropellan uno a otro
para salir protagonistas en ese cobarde semianonimato que da esta red. Y
opinan. ¿Qué opinan? Todo. Lo que sea. Nada. Ahora todos son expertos en cualquiercosa y en todotema. Muchos creen “nadie me escucha”. La enunciación es
silenciosa, a la distancia. Y los diarios acrecentando la falacia del eufemismo,
la repartición de culpas, la muerte real y la simbólica de las víctimas.
El
problema de lo escrito es que pareciera que la enunciación no viniera de una
voz, de alguien, de ese que también es otro; que se condena al guardar las
apariencias, las proporciones, la tradición del estigma sobre el que no puede
defenderse.
Opinar, entonces, debe tomarse en serio; porque la opinión es construcción; las cárceles
también son construcciones, las fosas clandestinas, la persecución, el odio.
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Fuente: http://bit.ly/2ii3z4z |
1 comentario:
¿Sabes? Estas portadas son muy reveladoras de lo que comentas. El lenguaje si importa y creemos que no tenemos a nadie enfrente, como si nadie estuviera siendo testigo de lo que pasa. Creo que todos somos testigos silenciosos de la crueldad y la barbarie, eso nos convierte en cómplices. Pasar la culpa a la víctima es una práctica tradicional de injusticia y sobre todo de justificación para el criminal. Debemos acabar con esas formas tradicionales de transmitir los discursos.
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