Mostrando entradas con la etiqueta Cuerpos en red. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuerpos en red. Mostrar todas las entradas

domingo, marzo 31

Saturaciones VI


Desnudarse es dejar que el otro mire
las cicatrices en mi cuerpo,
los estragos del tiempo y mis insomnios,
las tensiones –y las tantas distensiones–
el dolor, la furia;
la historia no contada;
dejar ir entre la ropa
el perfume que disimula el miedo,
la nostalgia y mis fracasos.

Me he vuelto hetaira pudorosa con los años
ya no entiendo de lenguajes amatorios, de rituales eróticos
acaso he olvidado todas las posturas…
y me avergüenza esta carne
que no encuentra
el espejo que pueda contenerla.



lunes, marzo 25

Saturaciones V


La enfermedad es una sombra que silencia.
Mi cuerpo es otro, lejano y distante.
No es mío. Es otro.

Un cuerpo enfermo que se ha vuelto carga y agotamiento.
No puedo respirar y mi voz escapa.
No grita, no gime. Se esconde en lo profundo de mi mente y escarba.

Un cuerpo enfermo que reflexiona y piensa en el pasado,
en el futuro, en las galaxias… pero jamás en el presente.
Temo un día que esa voz ya no sea mía.
El mutismo me asusta.

Un cuerpo enfermo que no tiene voz y no sabe qué decir.
Tiemblo mientras ese cuerpo se apodera de mi pecho.
No puedo respirar. No entiendo.
Tengo miedo y el llanto también se ha ido,
se marchó de esta que no soy pero que habito.

Un cuerpo enfermo que muere [me mata] lentamente por asfixia.




jueves, marzo 14

Metáforas de la vida cotidiana


Mi cabello se acerca a una longitud peligrosa.
Se desliza por mis hombros, por mi espalda.
Insiste en caer delante de mis ojos,
[adelantarse a la mirada, a la contemplación del mundo]
en acercarse al borde de mis labios,
en una provocativa sensación de amenazadora omnipresencia.
Me incita a desnudarme de él,
a despojarlo de sus casi 65 centímetros de impertinencia;
[a mirarlo en el espejo y derrotarlo
en un combate donde soy sin él, donde soy conmigo].
A disminuirlo al punto de hacerlo una vaga sombra.
Quizá un buen día.
Quizá el calor, la primavera.
Quizá la vida.
Quizás yo…



By: Chema Madoz

jueves, marzo 7

Saturaciones IV


Aquello que no se pudo arrancar;
eso que sigue, que permanece a mi lado,
que resistió la tormenta,
las avalanchas, la inundación
se encuentra ahora
en la punta de mi lengua
en la garganta, en la efervescencia del grito,
en lo profundo de mis ojos.
Aquello que no ha muerto y sigue,
se erige, me sostiene. Me alienta.
Me hace continuar. Se extiende.
Se sustrae del anonimato para volverse militancia,
un legado, sucesión… esperanza en resistencia.


By: alas.nocturnas
https://www.instagram.com/alas.nocturnas/

martes, agosto 28

Niña caustica


Niña caustica,
manantial erizo…
lloras por la muerte de abuelo.

Él ha muerto.
Lo mató la creciente,
el derrumbe,
el orgullo,
los años.

–Abuelo ha muerto–.
Le dices a tus hermanas,
a las hermanas de tu padre;
a la abuela.

Descubres que el eco también ha muerto.
No escuchas tu propia voz y piensas en su carne que ya no es,
en la sustancia, en el recuerdo de la infancia,
en la foto vieja de cuando eras la nieta de revista.

–Abuelo ha muerto–.
Te dices.
Y los árboles de mango,
la yuca,
las iguanas...

Niña caustica,
a ti la muerte también te arrasa.


 


lunes, agosto 13

Recuento

Con admiración a Ivonne Bordelois.
Me he traicionado a mí misma.
He olvidado uno a uno todos mis nombres.
Pido perdón.

Olvidé el sufrimiento de mi madre y mis abuelas.
No aprendí.
Pido perdón.

He querido morir tantas veces como he querido estar vida.
Pido perdón.

He sido arena y agua salada.
He lamido la sangre en mis heridas.
He vuelto a empezar.
He pronunciado mi voz frente al espejo.
He vuelto a amar.

Ya no pido perdón. 

By: @alas.nocturnas

miércoles, agosto 1

Muerte por asfixia


Y ahora digo
lo que he manifestado antes,
lo que mi silencio no calla,
lo que mi distancia denuncia.
Y vuelvo… como cada mañana,
y arremeto contra el insomnio,
contra la desilusión y la desgracia,
contra el engaño,
para escribir de madrugada,
mientras pienso:
que no hay injusticia que se escape
[pero siempre escapan].
Que mañana será otro día
[y eso es siempre una amenaza].
Que no me doblarán
[y el espíritu ya se ha hecho talla chica].
Que llegaré muy lejos
[pero el agotamiento me ha roto el alma].

Guardo compostura para esperar mi huida, para escuchar mi voz:

             La realidad es una brújula atorada en mi garganta.



domingo, junio 24

Habitante

                                                                                                                                                                                             a J.L.H
Deambulo por los pasillos de un hospital
al que he ingresado en numerosas ocasiones.
Lo reconozco en sus espacios, en su soledad blanquecina
y saturada de dolor.
A veces me pienso como un rompecabezas de piezas que no encajan.

Cierro los ojos y te recuerdo.
No te nombro, nunca lo he hecho,
como a todo aquello que he amado.
En el nombre se encuentra contenida la memoria;
pronunciarte la desborda, me inunda
y me ahogaría en el deseo interminable de estos años,
nuestros años.
Eres habitante y tu morada es mi silencio,
la lengua que reprime tu sonoro sustantivo.

By: @alas.nocturnas
www.instagram.com/alas.nocturnas/ 


martes, junio 12

Retornos

A J.L.H con amor



Volver sobre mis pasos para buscar las respuestas
que dejé flotar en el aire durante varios años.
He de reconocer el camino mientras nos reconstruye la memoria.
Y las calles se dibujan de a poco, con su gente,
con sus espacios derruidos por el tiempo y por la sal.
Camino lo que sé, lo que conozco, para luego darme cuenta
que no entiendo las opacidades de la vida,
ni sus ritmos, tampoco sus formas.
Me distraigo de todo para luego encontrarte.
Te veo entre el gentío y tu nombre sale de mi boca.
Toda su enunciación me estremece.
Te encuentro y contigo regresa todo lo que tenía perdido.
Eres puerto, aunque hasta ahora yo, únicamente, haya sabido de naufragios.
Me acerco para encontrar patria en tu pecho
y todo lo demás es silencio, con su enorme y profunda posibilidad de reescritura.





viernes, mayo 4

Sobre la belleza colorida


Caminar por las calles del centro de Oaxaca durante un par de horas. Mirar el color, la belleza de los trazos que parecieran sacados de un exvoto. Sentir el calor, la gente transitando en la brevedad de las banquetas. Esa ciudad o, por lo menos, esa parte de la ciudad es bella. No solamente es bella por su colorido, sin por la intención de embellecerla a través de la conservación de arquitectura colonial. Me resulta bella, claro. Ataviada con las formas y colores que parecen saturar de alegría por completo este pedazo de mundo. Después de un rato de mirar con cuidado y detenimiento puedo darme cuenta que esa belleza resulta del exotismo con el que se mira la otredad. Esa otredad que se dispone con sus colores llamativos, sus calles pulcras y conservadas, para el deleite de otro que mira desde afuera. No está hecha para quienes la habitan, ni siquiera para quienes la visitamos sin miras al turismo sino por azares de la vida. Se hizo para gente que no pertenece, ni conoce, ni entiende qué hay detrás de sus formas y colores. Y eso, después de meditarlo mucho, duele.

Duele porque esa ilusión turística justificada con la derrama económica que, según las estadísticas, beneficia a la población, no permite que se vea la cotidianidad que la gente propia debe sortear cada día.

Las mujeres con sus ropas coloridas y bordadas caminan por las calles llevando a cuestas sus hijos y sus tejidos para la venta. Se quedan dormidas a la entrada del mercado mientras su canasto de tlayudas exhibe esa preciada mercancía. La gente de ahí no puede transitar como los otros que les toman retratos como si se tratase de extraños ejemplares.

Camino y veo, dentro de construcciones coloniales perfectamente restauradas y pintadas, joyerías, tiendas de ropa típica, heladerías, chocolaterías… tiendas y tiendas donde ninguno de esos hombres y mujeres que hacen del centro de Oaxaca una tierra colorida podrán entrar a comprar alguna de esas piezas tan populares y cotizadas.

Cualquiera que visite la ciudad no creerá lo que pasa en ese estado. Nadie creería que se trata del segundo estado más violento del país (país que, por cierto, es uno de los más violentos a nivel mundial). Y, aunado a la violencia, existe un dato impresionante sobre analfabetismo y desempleo en ese bello estado tan turístico y colorido.

Por otra parte, hace poco, tras una lectura de Andrés Oppenheimer[1] donde mostraba el panorama global de los países que se encuentran a la vanguardia en innovación tecnológica con una visión y, claramente, una postura, tecnificadora y totalmente rosa del futuro, quedé horrorizada por aquello que leí entre líneas. No fueron las palabras ahí plasmadas, sino las que no dijo y que se intuyen las que cimbraron todo mi ser. Se trataba de una oda a la tecnología que, según los “optimistas”, irá transformando de manera drástica la forma de producir en el mercado. La cuestión es que esta llamada segunda revolución industrial pretende la suplantación de las masas manufactureras por la producción a partir de impresoras 3D. Lo horrorizante de esta visión es que se trata de una megatendencia que ha iniciado una competencia corporativa de las grandes naciones para controlar ese nuevo mundo basado en la tecnología. Uno de los entrevistados fue, precisamente, uno de los primeros diseñadores de este tipo de impresoras quien, al ser interrogado sobre el futuro de los países manufactureros, simplemente comentó: “se adaptarán como en el pasado la gente se adaptó en la primera revolución industrial”; posteriormente, Oppenheimer lo cuestiona sobre esas plazas de trabajo que irán, poco a poco o quizá a mayor velocidad de la que se espera, desapareciendo mencionó que se trataba de “puestos de trabajo por los cuales no vale la pena pelear”.

Me pregunto yo, si esa tecnificación del mundo hará que no quepa gente que ocupa los puestos de trabajo informal, operativo y manufacturero ¿qué hará con esas personas? Además, es necesario recordar que “esa gente” es mayoría, la componemos muchos de nosotros. Tan solo en Oaxaca el 67% de la población vive en condiciones de pobreza y el 28% en pobreza extrema. Es decir, tan sólo el 5% de la población total oaxaqueña que asciende a 967 mil 889 habitantes tiene acceso a una vida digna. Esa gente es la que, principalmente, le pone color a lugares como Oaxaca[2].

El miedo queda porque, entonces, el genocidio a gran escala ya no parece un recurso fílmico de ciencia ficción, sino una posibilidad hacia la que transitamos sin poner la atención suficiente.




[1] Andrés Oppenheimer, ¡Crear o morir! La esperanza para América Latina y las cinco claves de la innovación, 2017, Editorial Debolsillo.
[2] Datos estadísticos sacados de la Encuesta Intecensal 2015 del INEGI.

jueves, abril 26

Musiquita


Abro las piernas y pienso en Mariana constrictor,
luego recuerdo el terremoto del ochenta y cinco,
los pendientes de oficina, la charla del taxista
me pregunto por aromas que no conozco
y olvido que existen los años bisiestos.

Abro las piernas
y la creación entera
brota de mis entrañas
mientras alguien me pregunta
qué tengo en la cabeza.
–Musiquita… susurro,
para luego pensar en la arena
que se pega en el cuerpo cuando se nada en el mar.



lunes, enero 22

Espejo

En el reflejo, el silencio, mi rostro
la mirada de la culpa disipada.
En mi sexo la plenitud de las batallas
̶ todas ̶  anidadas con placer en mi memoria.
Y tú, que no eres secreto, sino acertijo…
en plano difuso, te dibujas lento.
Apareces
mientras descifro el significado del espejo.



martes, diciembre 5

Diálogos

Desde mi furia, vida, desde mi furia.
Desde mi llanto, desde mi voz.
Desde las profundidades y la conciencia.
Desde mi sombra, desde el parpadeo y cada poro.
Desde ahora y para siempre.
Desde mis gestos y con mis manos
clamo tu nombre,
el lenguaje es tu morada.
Aída. Aída. Aída.
¿Quién vas a ser, Aída?
Habitante.
Ahora, ¿qué vas a hacer, Aída?

lunes, diciembre 4

Matar a la princesa

En días pasados tuve una epifanía, una revelación absoluta. Quizá no sorprendente para la humanidad entera, pero fue todo un descubrimiento para mí misma. Quiero pensar que ese descubrimiento quedará para las generaciones que vienen en mi familia y que es ya la ruptura con la tradición de maltrato que heredé de manera ancestral. Cuando pienso en mis abuelas, en mi madre, en mis tías, y en mi propia historia, pienso en la gran fortaleza y el espíritu de constancia que han tenido todas; en mayor o menor medida siempre fueron mujeres que salieron adelante, cuyos hijos fueron motores para no dejarse vencer por nada; lo siguiente que pienso es en su eterno sufrimiento; en las maneras que inventaron para llorar menos, para ocultar los golpes, para disimular el maltrato emocional que vivieron y en el cansancio de sus ojos por tanto resistir. Agradezco profundamente que hayan sido tan fuertes, que parte de su resistencia y lucha continua la tenga en mi carácter; lo que me hubiera gustado no heredar es ese condicionamiento al llanto y al sufrimiento.

Cada mujer en mi familia vivió el amor de pareja de manera violenta, con el maltrato como moneda de transacción; sí, muchas lucharon, se defendieron, otras tuvieron momentos de derrota, pero ninguna tuvo el valor de dejar de estar en eterna guerra e irse. Mi abuela ahora está muerta y desde niña me contó el maltrato que sufrió por parte de mi abuelo. Me contó de sus engaños, de sus golpes, de los más de 10 hijos que tuvo fuera del matrimonio, de su abandono. Mi abuela fue una mujer fuerte, una guerrera que se hizo cargo de sus hijos sin ayuda de mi abuelo y siempre salió a la calle con la frente en alto, llena de dignidad y orgullo. Sin embargo, cuando mi abuelo enfermó de muerte fue ella quien cuidó de él hasta el último día de su vida. Y en ese trayecto que duró años, volvió a ser golpeada por él. Esta historia se repitió, continúa repitiéndose en mis tías, en mi madre un poco menos, en mí, ahí está. Con diferentes escenarios, detalles más, detalles menos y otros personajes, pero la historia es la misma. Eterna lucha dentro del hogar, donde debería ser un lugar seguro; encarnizada guerra con el “amor” (sí, así entre comillas).

Cuando fui adolescente me cuestioné estas cosas, me prometí a mí misma que eso no me pasaría jamás. Qué equivocada estaba. Luego crecí otro poco, estudié más que todas las demás en mi familia (continúo incluso estudiando ahora), pasaron los años y los hombres violentos por mi vida. Uno, otro, el que sigue y así… hasta que entendí que no se trataba de grados universitarios, ni de investiduras que pudiera usar. Se trataba de mí, de lo que entiendo yo por amor, de lo que permito yo en mi vida, del respeto que yo misma me tenga.

Algo sí tuve y he tenido a favor siempre, algo de conciencia. Aún con mis tropiezos con el “macho Alpha, lomo plateado, pelo en pecho” me resistí a creer que el amor solamente significara eso; que doliera tanto, que me exigiera la renuncia total a mí y mi esencia para poder tenerlo. Y en esa conciencia busqué respuestas en diferentes lugares y formas. Leí sobre psicología, un poco de kabbalá, otro tanto de desarrollo humano, de coaching, un poco más de feminismo… de todo un poco y así de ecléctico para poder encontrar un argumento, o varios, que satisficieran mi tremenda sed de respuestas.

Así que después de enemil cursos transformacionales, terapia, medicamentos para la depresión, lecturas (hasta de tarot), charlas con verdaderos amigos, reflexión, meditación, ejercicio, fueron haciendo lo suyo, poco a poco. A veces creo que el proceso ha sido lento, pero en otras me parece que ha sido tan significativo y contundente que ha tomado el tiempo justo, que no es posible de otra manera.

Mi revelación llegó un día, después de una sesión de terapia. Nunca he amado a un hombre que sea mi pareja. Es duro aceptarlo, es duro leerlo, pero es real y seguramente sería más duro aún no asumirlo jamás. ¿Por qué estoy tan segura de que no lo he hecho? Por que el amor que resiste humillaciones y maltrato no es amor, es condicionamiento que heredé y que no había sido consciente de ello. El amor no es aquello que aprendí. El amor no es miedo, inseguridad, tampoco negación de mí misma o manipulación. Hoy lo tengo claro. El amor yo lo construyo y lo defino como yo quiero. Y en mi conciencia de hoy, lo hago amable, cálido, libre, sin culpas, divertido. El amor es la expresión mía y del otro en la total seguridad de ser juntos sin dejar de ser yo misma. El amor no es completar porque yo, también el otro, nacimos completos.

Mi segunda revelación fue producto de la anterior. Creo que el problema no es el príncipe azul (o sí, lo es también, pero desde mi responsabilidad hoy no es así). El problema es la búsqueda de la princesa para encontrar al príncipe azul. Ojo, ser princesa no es ser guapa, arreglada, vanidosa… es tener la necesidad de ser rescatada y protegida…por el hombre “amado”. Es crecer pensando que necesitamos protección y que los hombres son quienes nos protegerán del mundo y sus peligros. Así que es necesario matar a la princesa; asesinarla y dejarla enterrada en un bosque lejano para no volver a saber de ella. Esta idea no es producto de las películas de Disney es producto de la educación, de la cultura imperante, del ejemplo que nos dieron de niñas. Ser una princesa es creer que cuando alguien me maltrata es porque hay algo malo en mí, porque no fui lo suficientemente buena, o linda, o dispuesta… Dejar de ser princesa es asimilar que no hay nada malo en mí, que soy quien decida porque me construyo a mí misma para mi bienestar; que no necesito que el “amor” de un hombre me dé felicidad porque eso es responsabilidad y búsqueda únicamente mía.

Matar a la princesa no es sencillo, cada una debe librar esa batalla a muerte y ganarla. Su muerte simbólica es la conquista de la libertad, la independencia y la seguridad que se necesitan para resignificar el amor y para evitar la violencia de pareja. Los finales felices existen, pero sólo podrían contarlos los muertos y los muertos no hablan. La búsqueda del final feliz es una mentira absoluta porque cada día es un principio y un final que se concatena con otros, pero nadie es una historia narrada completa, a menos que se encuentre en su funeral. Matar a la princesa significa ser real, auténtica, tal y como decida construirme a lo largo de la vida y, con eso, abrir la posibilidad de encontrarme con gente así de real para compartir la concatenación de momentos.

Hace poco una persona con una cálida sabiduría me dijo “no podemos juzgar un periodo fuera de su ethos. Es decir, no te juzgues por tu parte histórica porque es necesaria para aprender”. Y sí, fue un bálsamo para darle fin al sufrimiento y castigo que me di por tropezar otra vez con el mismo error.

Nos transformamos diariamente, la conciencia despierta de a poco. No es justo que debamos pasar por tanta violencia para entender lecciones tan profundas, quizá no y por eso nuestras hijas tendrán más herramientas y mejores posibilidades gracias a este grano de arena. Y, lo más importante, ellas no serán jamás princesas. La princesa muere en mí ahora. 


viernes, noviembre 24

Cuerpos en red XV

Sobre sí misma

La serie Cuerpos en red trata de mostrar distintas impresiones a partir de trozos de noticias, dinámicas comunes en grupos, perfiles diversos de Facebook, ideas derivadas de lecturas académicas y comentarios de clase. La intención es reflexionar sobre el cuerpo en la red y su presencia o, incluso, si tiene o no presencia.

Las constantes temáticas que usan como eje al cuerpo son: cotidianidad, virtualidad, vulnerabilidad, ausencias y presencias. Esto no intenta ser un ejercicio académico sino, por el contrario, propone una libertad un tanto absurda para plantear flexiones sobre materialidad.

El nombre de la serie tan solo es una forma de entender al cuerpo en relación con otros cuerpos, ya sean virtuales o no.

La numeración es mera costumbre para organizar las notas durante su creación. No existe un orden establecido. No hay un principio o un final; tan solo furia, llanto, contención, vulnerabilidad, confesión, denuncia, crítica, reflexión, vacío… todo a manera de escritura.

Cuerpos en red XIV

Sobre la construcción del personaje
“Nadie es tan feo como la fotografía de su pasaporte,
ni tan guapo como su foto del facebook”
[Vox populi].


¿Quién quiero ser hoy? Me pregunté antes de tomarme una selfie. ¿Con lentes o sin lentes? Con lentes soy una; sin ellos, otra. La cuestión es sobre el personaje que construyo en la virtualidad de las redes… ¿para qué? Para ser otra; una que me encante, o dejar de ser esta, que me incomoda. ¿Quién me incomoda? ¿Seré yo o nada más la idea de lo que debo ser? Por que en sitio se es otro. El ejemplo favorito de la profesora de español cuando hablaba de los distintos tipos de registros léxicos era: “¿Hablan igual cuando se dirigen a una mona que cuando lo hacen a un amigo? Yo divagaba pensando. “¿Quién habla con monjas?” En esa remota posibilidad de encontrarme alguna vez hablando con una de ellas. Hasta ahora nunca ha sucedido; pero sé que debo ser otra en cada escenario. No la incómoda, la imprudente o la que camina con el llanto al borde del estallido (ha estas alturas ya no distingo entre mi histeria y el desamor; o la soledad y la sumatoria de las anteriores).

La construcción de mi personaje me hace ser hoy la de lentes, la segura, la indiferente e incluso altiva. Y con esta foto se esconden inseguridades, traumas, desencanto.
Si hago eso cuando todo duele y no hay espacio para el derrumbe ¿quiénes serán, en realidad, los otros, esos de sonrisas amplias y entusiastas que diario saludan a la cámara?
Si quiero escapar de mí misma, ¿cuántos escapistas no habrá en esta galería de buenas tomas?

La banalidad no es cosa nueva, tampoco exclusiva.

Mañana seré otra, lo prometo; la audaz, de ser posible; la bella, si ayuda el filtro. 





Cuerpos en red XIII

Notas


Leí mi nombre en su mampara de anuncios. Mi nombre y, junto a él, la hora señalada. ¿Qué pensará al leer mi nombre?, ¿será que construye la imagen de mi rostro?, ¿llegará el recuerdo del sonido de mi voz o de mi risa? Me vi en un trozo de papel, enunciada por el lápiz; ocupando por un breve momento, un pequeño lugar -virtual- en su oficina. Cuando se dio cuenta de mi lectura se apresuró a quitarlo. “Ya estás aquí”. Y lo hizo bola para arrojarlo al cesto de basura. No dije nada por el asombro. Me volví trozo de papel con destino a la basura. Seguí el trayecto, que sentí en cámara lenta, hasta que perdí de vista entre más desechos. “Es que hay cosas que debo anotar o las olvido”. Ahora buscaba en mi pensamiento alguna palabra para romper el rictus de mi asombro. Me volví cosa, además de olvidable. “Yo uso agenda” alcancé a balbucear. Y mejor cerré la pagina señalada. Donde se leía con tinta roja y letra remarcada: Bizcocho, 12:30.



Cuerpos en red XII

La neogeografía corporal

¿Cuáles son los límites del cuerpo? ¿Hasta dónde se extiende? ¿Siempre han sido los mismos? Estas dudas surgen precisamente cuando, inmersos en el contexto actual podemos contemplar los distintos medios y soportes en los cuales el discurso, la representación del pensamiento en lo cotidiano se manifiesta.

Es decir, las redes sociales y el aparato móvil que funciona como antena a los espacios expandidos del cuerpo. Espacios inasibles, indeterminados pero determinantes en el mundo cotidiano de cada persona. Entonces, de manera consciente o no, el cuerpo se redimenciona y adquiere también soportes para las prácticas de siempre (la charla, el coqueteo, el adulterio, la infamia, el hurto, la estafa) y otras nuevas que ya tienen un lugar importante en lo cotidiano (la selfie, el hashtag, el follow, unfollow). Así, pues, también se resignifican las prácticas y, además, le brindan un nuevo orden y distintos impactos.

El cuerpo ya no está limitado a una geografía u horario. Tampoco a la simultaneidad del mensaje. El cuerpo deja nuevos vestigios de su materialidad.  Eso último nos devuelve a la pregunta inicial, ¿cuáles son los límites del cuerpo? Quizá esa respuesta aún no exista, pero es importante reflexionar en estos límites también como ejercicio para el descubrimiento.


Derivada de esta interrogante viene aquella que plantea: ¿siempre han sido los mismos límites? No podría ser posible si se toma en cuenta que hay nuevas prácticas insertas ya en la cotidianeidad de la vida. Un elemento importante a considerar es que, esas nuevas prácticas, son directamente resultad de la evolución de la tecnología y que tienen un factor común: el tiempo. La propia reconfiguración personal del tiempo se ha modificado para acortar esta brecha y situarla, en la mayoría de los casos, en la instantaneidad.