Mostrando entradas con la etiqueta regalo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta regalo. Mostrar todas las entradas

domingo, agosto 26

Confesiones













Y heme ahí
enunciando mis secretos
profanando con palabras el silencio
—mi silencio
Derrotada,
desposeída de toda armadura…
¿Qué resguardo queda entonces?
¿Qué tenías que hurgar entre mis sueños y verdades?
¿Qué si mi embriaguez te llena de sinceridades que son mías?
¿Cómo volver el tiempo y desandar mis confesiones?
¿Cómo?
Cada instante rehúsa una respuesta
y la calma ni siquiera da una tregua.
Si esta es una guerra me declaro derrotada,
sin posibilidad de pacto.
Conquistada.
Sometida de raíz
a la cercanía de tus labios,
porque derrumbaste uno a uno tantos argumentos.
Y justo ahora,
ya no tengo fuerzas…
no puedo tocar la retirada. 

martes, agosto 14

¿Cuándo aparecen los suspiros?
















No lo había pensado
pero cuando alguien se va,
cuando se marcha de pronto,
se queda todo igual;
como a la espera de un retorno inesperado
como si nada pasara
y cuando transcurre un poco de tiempo
la gente alrededor pregunta qué fue,
qué habrá pasado,
y especulan ante las respuestas mudas.
Las cosas permanecen ahí,
el café que lo espera,
la taza de expreso,
la pasta en el horno,
los libros en la repisa…
e incluso pareciera que no fue lo mejor,
que todo extraña esa risa de recuerdo,
esa jugueteo de los cuerpos.
Entonces los suspiros aparecen:
cuando los argumentos sobran,
cuando la razón estorba,
y en el fondo se sabe que un adiós era necesario.
[23:40, La casa]
















Que no se apaguen las luciérnagas, que no.
Que no se acabe el aroma de mis gardenias, que no.
Que no termine de amarte, que no.
Que no pase la vida sin volver a sentirte,
sin estrechar tu pecho,
tus cambios de piel,
de ideas,
de rumbos,
de postura.
Que pase la noche de tu ausencia.
Que sueñe contigo.
Que me sigas de vuelta.
Que seamos hogar.
Que no se acabe mi plegaria, que no.
Que la escuchen tu dios imaginario,
los ángeles y los arcángeles del reino de los cielos;
que la escuche Alá o Ra o Quetzalcóatl.
Que no te olvides de todo, que no.
Que me sueñes alguna noche para robarme un beso
y cada poro de mi cuerpo te respire.

[17:03, AML]

sábado, agosto 11

Suposición













Te supongo en esa esquina, esperando,
―esperándome―
Matas el tiempo con tu ipod,
caminas de un lado a otro de la acera.
Te sé,
―de memoria―
cada gesto;
noto cómo pasas de la desesperación al enojo…
Y estoy tarde, atorada en el tránsito,
separada de ti como por designios inexplicables
―señales, pienso­―
porque cada que te busco algo pasa
sin saber cómo, te me vas perdiendo entre la vida.

Allá,
tu rostro,
tus manos que fueron mías,
tu sexo que fue refugio muchas noches.

Acá,
mis recuerdos que dejan el corazón como Hiroshima
y yo,
incapaz de elegirte
de tomar una decisión y respirarte,
inmersa en el imaginario de tu rostro
y este llanto que me acompaña de vuelta a casa. 

lunes, agosto 6

Conjurar al oriente












A veces me despierto en las madrugadas
y me desnudo como un acto de rebeldía contra el frío.
Me tiendo en la sala y cierro los ojos;
siento el sereno,
que se cuela por los resquicios de las ventas e inunda toda la casa,
caer ligero sobre mi pubis;
todas las parvadas de tus aves-lengua se posan en mi ombligo
para contemplar el amanecer,
a revolotear entre el recuerdo y la piel.
El alfabeto de tus dedos dibuja todos mis nombres en la espalda
para conjurar al oriente entre tus brazos.
A esas alturas busco un retorno para echarte del ensueño
y seguir el idilio con el sereno,
pero es imposible
tu aroma lo tengo alojado en cada poro
y me he vuelto tuya tanto como eres mío justo ahora:
con el albor encima y tu aliento imaginario cerca de mi espalda.
[Agosto 6, 05:20]

viernes, agosto 3

Los cuervos no se peinan
















Él acaricio mi cabello
el poco que ahora tengo
Sonrió
quiso aplacar  mis mechones rebeldes,
desordenados.
Los cuervos no se peinan
—dije, devorando sus ojos con los míos—
Se tocan.
Se pierde el sentido entre sus plumas.
Se persiguen de noche
bajo las sábanas.
Se embriaga el alma con sus besos.
Se les canta en las madrugadas.
Los cuervos no se abandonan,
No se enjaulan;
se van cuando les plazca.
[agosto 3, 15:00]

Transgresora

by: Jackson Eaton













No soy una mujer arrojada,
si lo fuera
—seguramente—
no guardaría el secreto de tus ojos en mi desnudez
o de tu voz en mis madrugadas.
Si fuera cierta la leyenda urbana de mi locura crónica
y la falta de sutileza constante en mis palabras
quizá el mundo entero sabría mis ganas de tenerte.

Prefiero pensar que soy una mujer mesurada,
una que se conforma a ratos con lo que tiene de ti
con el silencio y tu lejanía,
antes que creerme transgresora
la que toma lo que quiere y cuando quiere,
aquella impertinente que goza de lo ajeno,
quien evita los remordimientos.
[agosto 2, 17:50]

martes, julio 31

(Me despido de ti)






















Me despido de ti lentamente.
Desde hace días.
Bajo el rayo del sol en la playa,
entre mis sones que inundan el Malecón después de las seis de la tarde,
durante la madrugada del último día.
Me despido de ti sin que puedas notarlo
―después de todo―
soy yo quien requiere una cura, un bálsamo
serás tú quien no sufra soledades ni olvidos.
Me despido en silencio
como te quise siempre
como te quiero ahora
como ya no lo haré nunca.
[Veracruz-D.F., julio 26-31]


Secuencia













Foto: Andrés Galindo




















Esa mujer está nerviosa.
Se toca el cabello muchas veces.
Espera su turno.
Mira alrededor como buscando un rostro conocido.
Tiene la ficha 78.
Seguramente tardan mucho
-se dice en voz baja-
Escucha su nombre al final del pasillo.
Se espanta.
Una doctora la atiende.
La recibe fríamente aunque le habla por su nombre.
La desnuda un poco.
Le muestra una aguja larga.
Se la inserta en una vena sin demora.
La mujer mira a todas partes, le duele.
Le dan miedo esas cosas.
Siente la sangre;
la escucha.
Cuenta los tubos de ensaye.
Van 6 y deja de hacerlo.
Pregunta si está temblando.
La doctora contesta que no.
Guarda la esperanza de culpar a alguien más de sus mareos.
Esa mujer te piensa
como para distraer la mente
y darle calor al cuerpo.
Sí, calor.
Cada que te piensa su temperatura cambia.
Esa mujer sale sin despedirse de aquel consultorio.
Se vuelve a formar.
De nuevo tendrá un turno.
Esperará que la llamen de algún lado.
Se desnudará.
En silencio seguirá las instrucciones.
Y volverá a pensarte hasta que se acabe el día.
[julio 6]

Cine porno

Foto: Andrés Galindo
























Pasé por el cine porno que visitábamos hace años.
Le falta una erre a la marquesina
ya no dice “Río”, como antes.
Y me di cuenta cuánto te extraño,
también a mi risa cuando contabas tus chistes
¿Dónde estarás?
me pregunté en voz alta
Pensé en si me recordarás de vez en cuándo.

Desde ese día busco un mapa en todos los pechos,
uno cuyos jeroglíficos me lleven a ti
como una menuda casualidad provocada
como un azar del destino-marea
que pasado un tiempo me devuelve a tu costa.

[Brasil, Centro Histórico, D.F., julio 29, 18:25]

miércoles, julio 4

Estertores del cielo a las 3 de la tarde













El cielo se cae a las 3 de la tarde.
Se rasga desde lo profundo.
Moja.
Y yo que antes de ti fui arena,
me escurría entre los parabrisas
en las aceras y plantas.
-huía-
Que después de ti lo seré de nuevo.
Volveré a ser playa donde no perduran las huellas
donde todo es olvido de media tarde,
¿qué si las aguas terminan por lavarme de tus ojos?
¿qué si nosotros no lo somos?

El cielo se cae a las 3 de la tarde.
Y contemplo un anciano empujando un carrito del súper
una señora cansada
un niño que vende chicles bajo la tormenta
una mujer en el espejo que no existe
que tiembla de frío,
e intenta despedirse sin hallar cómo.

[julio 4, 15:45]

a las diez de la mañana

















Voy dejando trozos de mí en todas partes.
La piel me abandona en desbandada;
prefiere tirarse al vacío que continuar sobre estos hombros.
Para cuando vuelvas habré mutado en otra cosa
en flor, en ave, en viento.
Terminaré por cambiar pronto de envoltura
por no saber qué soy,
pero así pasa con frecuencia,
eventualmente me transformo:
a veces cuerva
a veces loca
a veces hielo
a veces constrictora;
y podría recordar mis vidas anteriores
antes fui ermitaña
suicida,
demonia,
y justo ahora
a las diez de la mañana
en una oficina de burócrata renegado
me siento sola, atolondrada.
[julio 4, 10:43]












Y yo que tengo el miedo en todas partes,
embarrado por el cuerpo.
Arraigado en la memoria.
Y tú que no me dices cuánto temes.
Te quedas callado
haciéndome creer que nada pasa.

Quisiera conocer un alfabeto
-cual sea-
donde la palabra miedo no pueda pronunciarse
y esa sensación de parálisis contigiosa
no se pudiera vislumbrar.

Tengo miedo.
-te digo-
Te quedas en silencio.
Temo a esta certeza de saberme innecesaria,
prescindible.
Temo a aquello que no puedo imaginar,
a no saber qué pasará,
a ignorar mi destino.

Entonces tienes miedo siempre.
A toda hora,
mientras respiras o parpadeas
-contestas-.

Sí, así es mi miedo
-suspiro-
tan humano como yo, aunque lo evite.

[julio 3 15:20]