domingo, abril 7

Nos mudamos



Me he mudado a WordPress. Aún no sé si fue idea pero ya está hecho. Sólo me queda invitarlos a pasar a mi nuevo hogar para la escritura.

https://libelulasobreacuarela.wordpress.com/

domingo, marzo 31

Saturaciones VI


Desnudarse es dejar que el otro mire
las cicatrices en mi cuerpo,
los estragos del tiempo y mis insomnios,
las tensiones –y las tantas distensiones–
el dolor, la furia;
la historia no contada;
dejar ir entre la ropa
el perfume que disimula el miedo,
la nostalgia y mis fracasos.

Me he vuelto hetaira pudorosa con los años
ya no entiendo de lenguajes amatorios, de rituales eróticos
acaso he olvidado todas las posturas…
y me avergüenza esta carne
que no encuentra
el espejo que pueda contenerla.



jueves, marzo 28

Crónica tardía de una noche fabulosa


Ciudad de México, 27 de marzo del 2019.
Mucho se ha dicho ya sobre la universalidad de la música. Sin duda se trata de un lenguaje que transciende las barreras que otros lenguajes podrían provocar entre la gente. Puede pensarse que se trata del heterónimo de todos los lenguajes. Numerosos genios dejaron un legado artístico a lo largo de los siglos cifrado en lenguaje musical y, muchos otros, más modernos, han nacido para establecer un diálogo diacrónico que deleite a quienes solo somos capaces de sentir ese lenguaje acaso como una experiencia religiosa.
Ese martes de primavera miles nos reunimos en La Plaza de la República para escuchar a uno de los mejores chelistas del planeta y, sin temor a equivocarme, el mejor ejecutante de Bach: Yo-Yo Ma.
Hablar de la logística del evento, de la disposición de las plazas, de las fallas de audio resulta un poco redundante cuando se sabe, de antemano, que los eventos culturales en México no son organizados por la gente adecuada. Así que considero más interesante centrarme en las sensaciones.
Cuando la presentadora llegó al escenario, el ruido de la gente era impresionante. Las personas iban y venían, muchos quedaron de pie y ocuparon los espacios vacíos justo frente a los asientos. Los abucheos y coros para que se quitaran de enfrente no se hicieron esperar. La presentadora alcanzó a decir que en 10 minutos llegaría el chelista al escenario.
La iluminación cambió y el artista comenzaba a aparecer en las pantallas de circuito cerrado al mismo tiempo que el silencio de los asistentes se hacía presente. Se trató de un silencio cuya naturaleza no fue otra sino la urgencia de escuchar lo que estaba por comenzar. Yo-Yo Ma llegó al escenario para saludar con una franca sonrisa a quienes nos encontrábamos ahí. Acto seguido, dio por inaugurado el concierto con una dedicatoria que fue conmovedora. “Dedico este concierto a los desaparecidos, a sus familias y a todos aquellos que han sufrido violencia”. Apenas unos segundos después de que se escuchó su voz, el conteo por los 43 estudiantes se hizo presente al unísono en toda la plaza. Un evento artístico organizado por el Estado y dedicado a las muertes que el mismo Estado ha provocado a lo largo de los años, dejó ver no solamente la empatía del artista sino su postura frente al arte. El hecho artístico que deleita es también un hecho político.
Al iniciar el concierto no se escuchaba ningún ruido perturbando el ambiente. La suite N° 3 en Do mayor habitó aquel silencio delicadamente hasta poblar todos los sentidos. Y es que, el propio Yo-Yo Ma invitaba con cada movimiento del arco sobre las cuerdas a la evocación con todos los sentidos. Es así como mi vista no se posó en las grandes pantallas, sino que se concentró en el cielo despejado y con cada nota me dejé envolver por el viento frío, por el sonido lejano de las hojas de los árboles. Así, mirando la noche y las luces de la otra parte de la ciudad que jamás se detiene me dejé llevar a muchos sitios en el recuerdo de cada vez que había escuchado esa sonata.
Recorrí varios años de mi vida, varios pensamientos que había olvidado, la sensación del suelo frío de una noche en la que, tumbada en el centro de mi sala, escuchaba esa misma melodía en la madrugada sintiendo el duelo de la muerte cercana. Recordé el poema que escribí al día siguiente. Ese juego de espejos que reflejan el infinito en la memoria me hacía ir y venir del presente a los múltiples pasados.
Entre cada una y otra sonata regresaba a la realidad para acomodarme en la silla, palpar lo cercano y tangible a mi lado, para conectarme con el momento presente en medio de la gente, en la noche, en la plaza. Esos intermedios se trataron de un viaje exprés entre mis evocaciones y el presente.
En la tercera suite empecé a preguntarme qué sería lo que cruzaba en la mente de ese artista con cada nota musical. ¿Cómo vive cada interpretación de un repertorio que lo ha acompañado gran parte de su vida?, ¿qué siente con cada escenario que pisa? Y de nuevo esas preguntas me hicieron estar en otro tiempo, uno donde escuché por primera vez la Suite 6 en Re mayor. Era mucho más joven, con una bebé en brazos. La piel se me erizó mientras escuchaba un disco viejo de Bach que encontré entre las cosas de mi abuela. Desde entonces y hasta ahora ha pasado tanto que pareciera que se trató de una realidad alterna en la que yo era otra muy ajena a mi presente. Mi otra yo a veces me resulta un recuerdo que no alcanzo a descifrar por completo. Al finalizar la última suite la gente lo aclamó de pie y el concierto llegaba a su fin. Yo-Yo Ma se dirigió de vuelta al auditorio para anunciar que cerraría con un ensamble musical de “La llorona” en voz de Lila Downs.
Lila y Yo-Yo Ma se despidieron y la gente empezó a irse de la plaza, comencé a sentir una tibieza extraña que me dejaba temblar por el frío al mismo tiempo que cubría mi espíritu. La felicidad es una rara sensación que se deja experimentar por breves momentos en la vida. Y esa felicidad fue producto del viaje, de la música, de la estampa completa de esa noche. Incluso lo no dicho aquí construye lo prodigioso de esa velada.  
Y para no traicionar la tan atinada afirmación que Breton hizo de México en 1938, al salir del perímetro del concierto, un indigente de edad avanzada que llevaba un par de muletas se encontraba en medio del paso con una petición sui géneris que decía: “Órale, hijos de su puta madre, denme una moneda”. La gente pasaba junto a él riendo a carcajadas.
Quizá esta crónica reafirme mi tendencia a la sobreinterpretación constante de la vida y sus acontecimientos; tal vez sea prueba de que, así como existe en otros el oído absoluto, exista en mí una rara condición de vista absoluta que me permite aislar fragmentos de la áspera realidad de mis tiempos para poder construir dioramas de un mundo casi hermoso.


lunes, marzo 25

Saturaciones V


La enfermedad es una sombra que silencia.
Mi cuerpo es otro, lejano y distante.
No es mío. Es otro.

Un cuerpo enfermo que se ha vuelto carga y agotamiento.
No puedo respirar y mi voz escapa.
No grita, no gime. Se esconde en lo profundo de mi mente y escarba.

Un cuerpo enfermo que reflexiona y piensa en el pasado,
en el futuro, en las galaxias… pero jamás en el presente.
Temo un día que esa voz ya no sea mía.
El mutismo me asusta.

Un cuerpo enfermo que no tiene voz y no sabe qué decir.
Tiemblo mientras ese cuerpo se apodera de mi pecho.
No puedo respirar. No entiendo.
Tengo miedo y el llanto también se ha ido,
se marchó de esta que no soy pero que habito.

Un cuerpo enfermo que muere [me mata] lentamente por asfixia.




jueves, marzo 14

Metáforas de la vida cotidiana


Mi cabello se acerca a una longitud peligrosa.
Se desliza por mis hombros, por mi espalda.
Insiste en caer delante de mis ojos,
[adelantarse a la mirada, a la contemplación del mundo]
en acercarse al borde de mis labios,
en una provocativa sensación de amenazadora omnipresencia.
Me incita a desnudarme de él,
a despojarlo de sus casi 65 centímetros de impertinencia;
[a mirarlo en el espejo y derrotarlo
en un combate donde soy sin él, donde soy conmigo].
A disminuirlo al punto de hacerlo una vaga sombra.
Quizá un buen día.
Quizá el calor, la primavera.
Quizá la vida.
Quizás yo…



By: Chema Madoz

jueves, marzo 7

Saturaciones IV


Aquello que no se pudo arrancar;
eso que sigue, que permanece a mi lado,
que resistió la tormenta,
las avalanchas, la inundación
se encuentra ahora
en la punta de mi lengua
en la garganta, en la efervescencia del grito,
en lo profundo de mis ojos.
Aquello que no ha muerto y sigue,
se erige, me sostiene. Me alienta.
Me hace continuar. Se extiende.
Se sustrae del anonimato para volverse militancia,
un legado, sucesión… esperanza en resistencia.


By: alas.nocturnas
https://www.instagram.com/alas.nocturnas/

martes, septiembre 18

Saturaciones III


Sobre la escritura

Iniciar la frase, el renglón, la idea…
comenzar en el cuaderno y continuar;
continuar por el dorso de la mano,
el antebrazo, el pecho.
Seguir la escritura y saturar el cuello, el rostro.
Hacer brotar la escritura por lo ojos, entre el llanto,
verla escurrir hasta llegar a la comisura de los labios
y probar su sabor, su textura.

Sentir la escritura en la garganta,
queriendo salir de vuelta,
y comenzar la frase en mi cuaderno,
para continuar en el dorso de la mano…




martes, agosto 28

Niña caustica


Niña caustica,
manantial erizo…
lloras por la muerte de abuelo.

Él ha muerto.
Lo mató la creciente,
el derrumbe,
el orgullo,
los años.

–Abuelo ha muerto–.
Le dices a tus hermanas,
a las hermanas de tu padre;
a la abuela.

Descubres que el eco también ha muerto.
No escuchas tu propia voz y piensas en su carne que ya no es,
en la sustancia, en el recuerdo de la infancia,
en la foto vieja de cuando eras la nieta de revista.

–Abuelo ha muerto–.
Te dices.
Y los árboles de mango,
la yuca,
las iguanas...

Niña caustica,
a ti la muerte también te arrasa.


 


lunes, agosto 13

Recuento

Con admiración a Ivonne Bordelois.
Me he traicionado a mí misma.
He olvidado uno a uno todos mis nombres.
Pido perdón.

Olvidé el sufrimiento de mi madre y mis abuelas.
No aprendí.
Pido perdón.

He querido morir tantas veces como he querido estar vida.
Pido perdón.

He sido arena y agua salada.
He lamido la sangre en mis heridas.
He vuelto a empezar.
He pronunciado mi voz frente al espejo.
He vuelto a amar.

Ya no pido perdón. 

By: @alas.nocturnas

miércoles, agosto 1

Muerte por asfixia


Y ahora digo
lo que he manifestado antes,
lo que mi silencio no calla,
lo que mi distancia denuncia.
Y vuelvo… como cada mañana,
y arremeto contra el insomnio,
contra la desilusión y la desgracia,
contra el engaño,
para escribir de madrugada,
mientras pienso:
que no hay injusticia que se escape
[pero siempre escapan].
Que mañana será otro día
[y eso es siempre una amenaza].
Que no me doblarán
[y el espíritu ya se ha hecho talla chica].
Que llegaré muy lejos
[pero el agotamiento me ha roto el alma].

Guardo compostura para esperar mi huida, para escuchar mi voz:

             La realidad es una brújula atorada en mi garganta.



martes, julio 10

Saturación II


La escritura es exorcismo
-morada de los insomnes-,
conjuro.
Hemos de habitarnos a la distancia,
tan solo por la piedad de las palabras,
y la redención de su lectura solitaria.

El mundo edificado por el lenguaje que nos une
-nos alimenta y sofoca en un mismo tiempo-
Y yo… transito por cada letra que dice y no,
que construye y no,
y el silencio satura mi dolor sonorizado por la ausencia:
hemos de tocarnos… y no,
porque ninguna palabra es visible.

@alas.nocturnas


lunes, julio 9

Saturación I


Existen versos que jamás han sido escritos
y habitan, saturándolo todo, dentro del pecho,
en la punta de la lengua, en la profundidad de la pupila.

Hay versos que son imaginación, memoria, silencio.

Hay versos que nunca lo son.




domingo, junio 24

Habitante

                                                                                                                                                                                             a J.L.H
Deambulo por los pasillos de un hospital
al que he ingresado en numerosas ocasiones.
Lo reconozco en sus espacios, en su soledad blanquecina
y saturada de dolor.
A veces me pienso como un rompecabezas de piezas que no encajan.

Cierro los ojos y te recuerdo.
No te nombro, nunca lo he hecho,
como a todo aquello que he amado.
En el nombre se encuentra contenida la memoria;
pronunciarte la desborda, me inunda
y me ahogaría en el deseo interminable de estos años,
nuestros años.
Eres habitante y tu morada es mi silencio,
la lengua que reprime tu sonoro sustantivo.

By: @alas.nocturnas
www.instagram.com/alas.nocturnas/ 


martes, junio 12

Retornos

A J.L.H con amor



Volver sobre mis pasos para buscar las respuestas
que dejé flotar en el aire durante varios años.
He de reconocer el camino mientras nos reconstruye la memoria.
Y las calles se dibujan de a poco, con su gente,
con sus espacios derruidos por el tiempo y por la sal.
Camino lo que sé, lo que conozco, para luego darme cuenta
que no entiendo las opacidades de la vida,
ni sus ritmos, tampoco sus formas.
Me distraigo de todo para luego encontrarte.
Te veo entre el gentío y tu nombre sale de mi boca.
Toda su enunciación me estremece.
Te encuentro y contigo regresa todo lo que tenía perdido.
Eres puerto, aunque hasta ahora yo, únicamente, haya sabido de naufragios.
Me acerco para encontrar patria en tu pecho
y todo lo demás es silencio, con su enorme y profunda posibilidad de reescritura.





viernes, mayo 4

Sobre la belleza colorida


Caminar por las calles del centro de Oaxaca durante un par de horas. Mirar el color, la belleza de los trazos que parecieran sacados de un exvoto. Sentir el calor, la gente transitando en la brevedad de las banquetas. Esa ciudad o, por lo menos, esa parte de la ciudad es bella. No solamente es bella por su colorido, sin por la intención de embellecerla a través de la conservación de arquitectura colonial. Me resulta bella, claro. Ataviada con las formas y colores que parecen saturar de alegría por completo este pedazo de mundo. Después de un rato de mirar con cuidado y detenimiento puedo darme cuenta que esa belleza resulta del exotismo con el que se mira la otredad. Esa otredad que se dispone con sus colores llamativos, sus calles pulcras y conservadas, para el deleite de otro que mira desde afuera. No está hecha para quienes la habitan, ni siquiera para quienes la visitamos sin miras al turismo sino por azares de la vida. Se hizo para gente que no pertenece, ni conoce, ni entiende qué hay detrás de sus formas y colores. Y eso, después de meditarlo mucho, duele.

Duele porque esa ilusión turística justificada con la derrama económica que, según las estadísticas, beneficia a la población, no permite que se vea la cotidianidad que la gente propia debe sortear cada día.

Las mujeres con sus ropas coloridas y bordadas caminan por las calles llevando a cuestas sus hijos y sus tejidos para la venta. Se quedan dormidas a la entrada del mercado mientras su canasto de tlayudas exhibe esa preciada mercancía. La gente de ahí no puede transitar como los otros que les toman retratos como si se tratase de extraños ejemplares.

Camino y veo, dentro de construcciones coloniales perfectamente restauradas y pintadas, joyerías, tiendas de ropa típica, heladerías, chocolaterías… tiendas y tiendas donde ninguno de esos hombres y mujeres que hacen del centro de Oaxaca una tierra colorida podrán entrar a comprar alguna de esas piezas tan populares y cotizadas.

Cualquiera que visite la ciudad no creerá lo que pasa en ese estado. Nadie creería que se trata del segundo estado más violento del país (país que, por cierto, es uno de los más violentos a nivel mundial). Y, aunado a la violencia, existe un dato impresionante sobre analfabetismo y desempleo en ese bello estado tan turístico y colorido.

Por otra parte, hace poco, tras una lectura de Andrés Oppenheimer[1] donde mostraba el panorama global de los países que se encuentran a la vanguardia en innovación tecnológica con una visión y, claramente, una postura, tecnificadora y totalmente rosa del futuro, quedé horrorizada por aquello que leí entre líneas. No fueron las palabras ahí plasmadas, sino las que no dijo y que se intuyen las que cimbraron todo mi ser. Se trataba de una oda a la tecnología que, según los “optimistas”, irá transformando de manera drástica la forma de producir en el mercado. La cuestión es que esta llamada segunda revolución industrial pretende la suplantación de las masas manufactureras por la producción a partir de impresoras 3D. Lo horrorizante de esta visión es que se trata de una megatendencia que ha iniciado una competencia corporativa de las grandes naciones para controlar ese nuevo mundo basado en la tecnología. Uno de los entrevistados fue, precisamente, uno de los primeros diseñadores de este tipo de impresoras quien, al ser interrogado sobre el futuro de los países manufactureros, simplemente comentó: “se adaptarán como en el pasado la gente se adaptó en la primera revolución industrial”; posteriormente, Oppenheimer lo cuestiona sobre esas plazas de trabajo que irán, poco a poco o quizá a mayor velocidad de la que se espera, desapareciendo mencionó que se trataba de “puestos de trabajo por los cuales no vale la pena pelear”.

Me pregunto yo, si esa tecnificación del mundo hará que no quepa gente que ocupa los puestos de trabajo informal, operativo y manufacturero ¿qué hará con esas personas? Además, es necesario recordar que “esa gente” es mayoría, la componemos muchos de nosotros. Tan solo en Oaxaca el 67% de la población vive en condiciones de pobreza y el 28% en pobreza extrema. Es decir, tan sólo el 5% de la población total oaxaqueña que asciende a 967 mil 889 habitantes tiene acceso a una vida digna. Esa gente es la que, principalmente, le pone color a lugares como Oaxaca[2].

El miedo queda porque, entonces, el genocidio a gran escala ya no parece un recurso fílmico de ciencia ficción, sino una posibilidad hacia la que transitamos sin poner la atención suficiente.




[1] Andrés Oppenheimer, ¡Crear o morir! La esperanza para América Latina y las cinco claves de la innovación, 2017, Editorial Debolsillo.
[2] Datos estadísticos sacados de la Encuesta Intecensal 2015 del INEGI.

jueves, abril 26

Musiquita


Abro las piernas y pienso en Mariana constrictor,
luego recuerdo el terremoto del ochenta y cinco,
los pendientes de oficina, la charla del taxista
me pregunto por aromas que no conozco
y olvido que existen los años bisiestos.

Abro las piernas
y la creación entera
brota de mis entrañas
mientras alguien me pregunta
qué tengo en la cabeza.
–Musiquita… susurro,
para luego pensar en la arena
que se pega en el cuerpo cuando se nada en el mar.



miércoles, marzo 14



te recuerdo cuando llueve
a veces nos imagino aún
escondidos en una habitación de hotel
[siempre he creído que una parte de nosotros continúa ahí]
oyendo los gemidos de los cuartos vecinos.

yo, respondiendo tus preguntas extrañas
tú, tocando mis pájaros mientras escuchas mis historias.

a veces te pienso como alguien que transita un aeropuerto vacío.




domingo, enero 28

Imposibilidades


Antes de dormir, cada noche,
leo unas páginas de Alicia en el País de las Maravillas.
La imagino a ella, me imagino a mí,
nos imagino a ambas en un mundo así,
donde los conejos hablan, donde los gatos sonríen,
donde las barajas cantan y los monstruos no lo son.

Me imagino en medio de un poema donde asardece
y el Jabberwocky me acecha, nos acecha a ambas,
ella me mira, nos miramos mutuamente,
y repetimos tantas imposibilidades como sea posible…
para después, vorpalinamente, matar al enemigo.

Todas las noches leo un poco a Alicia y entiendo que,
por fin, he matado a la quimera...
y después del fragoso día, que es a diario,
con una sonrisa que perdura
y resplandece en la oscuridad mientras ya duermo,
me duermo soñando que asarcede en un fragoso día…







En resumen

Tengo una vida complicada, saturada de todo,
de lecturas, de viajes, de imaginación, de mí…
Tengo una vida complicada
lo es tanto que cuesta trabajo imaginarla fuera de una agenda,
sin pendientes, sin ocurrencias nuevas, con tiempo, sin adrenalina…
Tengo una vida complicada, pero es tal y como la había querido,

Así que tengo una vida amorosamente complicada.




lunes, enero 22

Espejo

En el reflejo, el silencio, mi rostro
la mirada de la culpa disipada.
En mi sexo la plenitud de las batallas
̶ todas ̶  anidadas con placer en mi memoria.
Y tú, que no eres secreto, sino acertijo…
en plano difuso, te dibujas lento.
Apareces
mientras descifro el significado del espejo.



miércoles, diciembre 20

Sobre la escritura



Escribo mientras Piazzolla me acompaña.
Quisiera escribir las claves del universo,
la sonata más melódica,
el tratado filosófico que resuelva el misterio de la conciencia
y sus exabruptos…
pero no puedo.
¿Acaso lo mío será soberana incompetencia?
¿Qué hacer ante la fuga de inspiración o del talento?
¿Qué haría Olmo?
¿Qué cosa, Funes, Agrippa o Samsa?
La duda flota y se confunde con los acordes que saturan la atmósfera
¿Qué hacer, entonces?
Bailar.
Ante la duda, la incertidumbre, el llanto… bailar.
Bailar evocando épocas y ritmos de la memoria ancestral
movimiento de traslación que lleva al éxtasis.
Bailarlo todo.
Bailar siempre,
         en cada oportunidad,
         en cualquier sitio,
         sin razón, sin pausa.
Después, la vida es otra.