miércoles, octubre 17

Difunto



I

Maligna, le llaman ellos al amor del pasado.
Difunto, le digo yo a ese que nunca ha sido,
que murió antes de hacer historia.

Difunto mío, hoy no quiero hablar del dolor de mi pecho
o de las lágrimas que te derramo;
tampoco de lo que te extraña mi sexo,
o de la humedad que aún provocas
que seguro provocarás mucho tiempo—.

Hoy quiero hablar del hubiera que no existe
ese tiempo inconjugable
de nosotros
los cobardes
los que amamos detrás de las puertas,
con el corazón agazapado,
cubierto de miedos de antaño.

Difunto, esta mañana te reclamo, Difunto,
como reclama el mar mi cuerpo,
la arena mis recuerdos de la infancia;
te reclamo por el simple hecho de hacerlo,
porque poseo una voz que escucharás por largo tiempo.

Te reclamo, Difunto, porque no has muerto del todo
porque tus recuerdos se aferran a mis muslos,
a mis oídos,
a las noches de insomnio:
Difunto, muérete o revive,
pero no continúes en este intermedio dantesco
donde no eres, ni somos.





II

¿Cuánto tiempo ha pasado, Difunto?
¿Cuántas noches y ya olvidaste?
He perdido la noción de las estaciones,
el  luto riguroso no sé cuánto dura.
Difunto, te busco en el vacío de los silencios,
entre verso y verso,
en los conjuros alegóricos de las brujas.
Difunto, si tus palabras fueran ciertas,
si tus manos fueran mías,
como nunca lo fueron—,
Difunto, si escucharas mis palabras,
si conocieras el amor,
nunca habrías aceptado tu muerte.

III

¿Cuántos exorcismos de ti serán suficientes, Difunto?
¿Cuántos?
Porque cada verso es una manera de matar lo que ya ha muerto,
si cada letra que me dicto es el resultado de un pensamiento
que dice convencido que ya no estás,
que no estuviste,
Difunto, mentiría si digo “no te extraño”.

IV

¿De qué color es el olvido, Difunto?
¿A qué huele?
Tú que disipas los afectos
con cada uno de tus actos,
dime,
¿Cómo haces, Difunto, para que no te duela la ausencia?
¿Cómo se llena el hueco del pecho, Difunto?
¿Dónde irá a parar todo el amor que te tengo?
¿A dónde, si a nadie, carajos, le sirve?
Difunto, tu aroma no se escapa de mi recuerdo.

V

No estoy triste, Difunto,
soy dura como las rocas,
tan sólo es que no entiendo
el porqué de estas cosas.

Difunto, tú que todo lo sabes
siempre
no deberías ignorar
que hasta los peñascos 
pueden hacerse arena.

VI

Difunto,
eres el último de mi dinastía
de fracasos preestablecidos, te juro.

Serás el último,
porque mi corazón
no puede con más duelos
ni  más despedidas fatuas.

Difunto, ojalá que nunca el amor te duela tanto;
ojalá que entiendas que cada palabra es mentira,
que nada es cierto, salvo el silencio…
pero el silencio no existe, Difunto,
porque sin mover un ápice mis labios
me repito tu nombre como el abecedario:
de memoria, Difunto, como cada gota blanca de tu piel,
como cada gesto que ilustra tus falsedades.

VII

Difunto, eres el llanto que sollozo
antes de abrir los ojos,
de respirar el primer día de la semana.

Eres parte del adiós,
de la despedida,
así como fuiste parte fundamental de mi esperanza,
de mi aliento,
de mis noches perpetuas.
Encontré la paz y redención en tus amores,
Difunto,
habité mis castillos en el aire,
me quedé sin fe, sin alma…
te la llevaste toda, Difunto.

VIII

Si algún día vuelves, Difunto,
recuérdame que te regrese tus besos,
y pedir de vuelta el calor de mis abrazos,
mis caricias en la frente,
el cobijo que te di.

Difunto,
volverás un día,
quizá por accidente,
porque confundas el camino,
y entonces,
te diré aquello que tanto he callado.

IX

¿Qué más te escribiré, Difunto?
¿Hasta cuándo?
hasta desintoxicar mi alma de tu esencia,
hasta que te sude con cada poro,
hasta que sangren mis lamentos
y te olvide la memoria;
ojalá, Difunto, sea pronto,
para ya no desperdiciar papel
ni espacio
en estos llamados secretos de mi voz:
Difunto, te extraño, 
aunque tu presencia lastime en lo insondable.

X

Mi voz, Difunto, ha de olvidar tu nombre
aunque aún no sepa cuándo o cómo.

Esa voz, Difunto, ya no rogará por besos tuyos,
ya no se nombrará derrotada,
ni mirará hacia el pasado,
ni declamará tus versos.
Difunto, llegará el día en que te olvide,
aunque todavía no sepa ubicarlo en mi calendario.

XI

Algo que no podrás negarme nunca: tu recuerdo…
al que acudo cuando quiero acariciarte.

Difunto, no quiero que me toques,
pero yo no me canso de abrazarte en la memoria.

Difunto, mi odio hacia ti es grande,
terriblemente grande,
tanto como el amor que te tengo,
al que me aferro para no soltarte.

Difunto, te amo con cada célula;
te odio de la misma forma.

XII

Difunto, eres un poco de todo lo que imaginaba,
más, el resultado de tu historia,
más, tus miedos irracionales
y como resultado:
el hombre a mi medida,
el hombre que me daña,
el hombre sin remedio.
¿Qué sería de nosotros,
Difunto,
si no resultáramos tan dolorosa contradicción?

XIII

Me pregunto si me tendrás en la memoria, Difunto,
si extrañarás a esta que soy,
la mujer atípica
con miedos y malas palabras,
con dolores y angustias femeninas;
me pregunto, Difunto, si recordarás mi nombre,
el aroma de mi cuerpo,
el tamaño de este amor,
porque, Difunto, no puedes negar que te supiste amado,
ni tu temblor después de mis besos.
Difunto, no puedes…
    yo tampoco.

XIV

¿De qué hablaré, Difunto, después de ti?
Cuando el llanto se acabe,
tu recuerdo se extinga
y tu aparición me deje tranquila…
¿de qué hablaré, Difunto,
si hasta ahora no sé más que repetir tu nombre?
¿Aprenderé un vocabulario nuevo,
me quedaré muda,
preguntaré sobre el clima?
¿Cómo será mi voz cuando olvide cómo nombrarte?
Difunto, ¿cómo haces tú, para que nada te duela?

XV

Esta, la que suscribe,
quiere un olvido perenne,
donde lo tuyo se vaya,
en corriente centrípeta 
como en los hoyos negros
y no vuelva jamás.

Esta, la que suscribe y te llama “Difunto”
no puede parar su llanto.


XVI

He de parar este llanto, Difunto,
de extrañarte, de nombrarte para adentro.
A fuerza de Dios y de las gentes,
como dice el DRAE,
he de llenarme de olvido hasta los huesos, Difunto.



3 comentarios:

Jonathan Harker dijo...

Excelente.

Jonathan Harker dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Jonathan Harker dijo...

Una pregunta: de buena fuente sé que hay hasta una 30a parte de esta genial obra y no sé del uso de esta página, me puede usted decir donde ver lo que me falta? Gracias.